Radiadores

Radiadores


Dos son las acepciones que tiene la palabra radiadores y ambas sugieren intercambio de calor a través de la circulación de un fluido por su interior. En un caso el líquido circula caliente y transmite calor al exterior por convección. Este proceso convectivo se produce por la diferencia de temperatura entre el cuerpo metálico del radiador y el ambiente de la estancia en la que se sitúa.


En el segundo caso, muy común en los automóviles, el líquido, agua, circula frío para refrigerar los cilindros del motor, actuando en este caso como disipador de calor.


Radiadores de instalaciones centralizadas


Los aparatos más comunes forman parte de instalaciones de calefacción en las que el líquido se calienta con la energía calorífica producida por una caldera de gasoil, eléctrica, gas o biomasa, según el combustible utilizado para la generación de calor. Este líquido se bombea mediante tubos hacia los aparatos individuales. Funcionan como meros elementos destinados al intercambio de calor entre el fluido caliente que circula por la instalación y la habitación.

Cada radiador tiene una entrada conectada a un tubo por el que circula el líquido caliente y una salida, conectada a otro tubo por el que circula el líquido enfriado hacia la caldera. Estos sistemas de calefacción precisan de mantenimiento para una óptima eficiencia energética, consistente en el purgado de los aparatos. Mediante el purgado se elimina el aire que haya podido entrar en los tubos que transportan el fluido caliente.

Radiadores de aluminio


Realizados en aleación de aluminio fundido. Tienen como principal ventaja el elevado rendimiento térmico del material, lo que hace que su calentamiento sea muy rápido en relación con otros modelos. El aluminio es ligero y versátil y favorece un mejor y más moderno diseño, con una estética más cuidada. Están formados por elementos acoplables por lo que se puede instalar por módulos, lo que hace que se adapte mejor a las necesidades concretas de cada estancia.
Son actualmente los más utilizados por su fiabilidad y capacidad de conductibilidad.

Radiadores de hierro

Los tradicionales, clásicos. A diferencia del aluminio, el hierro tarda más en alcanzar temperatura, pero conserva el calor por más tiempo. No otorga esa sensación de calidez rápida que se obtiene con el aluminio y que frecuentemente demandamos. Además son muy pesados por lo que su instalación es más delicada.


Radiadores de acero


A medio camino entre las prestaciones del hierro y el aluminio. El acero es un metal de gran inercia térmica por lo que tiene la ventaja, frente al hierro, de ofrecer un calor rápido y a la vez conservarlo y distribuirlo de una manera homogénea.